Al habla Jack.
He podido salvar muy pocas cosas de el ataque de la Agencia, entre ellas mi ordenador.
El ataque llegó cuando los niños nos preparábamos para salir del colegio. Estaba cogiendo mis cosas cuando atacaron.
Tuve que contarles a los niños del colegio mi vida como agente secreto para que me ayudaran a repeler el ataque. Protegieron la escuela lo mejor que pudieron.
Pero no fue suficiente.
Arrasaron con todo.
Pocos nos pudimos salvar de esa captura. Porque eso es lo que fue: una captura.
Capturaron a todos los niños que pudieron, y eso me preocupa porque si a ti te ofrecen a tu mejor amigo a cambio de el paradero de alguien a quien apenas conoces, ¿qué harías?
Por eso estoy pensando en alejarme de mis compañeros.
O al menos, lo estaba.
Hace poco vino una compañera mía a hablar conmigo.
- Sospechaba de ti desde el inicio como agente de la Agencia enemiga. Pero...
-Espera un momento. Has dicho Agencia "enemiga".
-Exacto, yo pertenezco a la Organización.
-En estos instantes estaría dándote un puñetazo, pero cómo ya no pertenezco oficialmente a la Agencia, no lo haré.
La Organización siempre ha sido la enemiga de la Agencia. Siempre nos intentan quitar a los espías y luchamos constantemente por el dominio del mundo de los espías.
El caso es que me quería "fichar" como agente para la Organización. Tan grande es mi fama como agente secreto que llega a los oídos de la gente de la Organización. Al inicio dudé, pero luego pensé que no le debía nada a la Agencia. Y además seguramente estaba rodeado de agentes para eliminarme si no aceptaba. Así que como no tenía nada que perder lo acepté.
Ahora mismo me llamo Pisa Fuerte (en la Organización), pero todos me llaman Jack.
Estoy cansado, y me duele todo el cuerpo, pero me preparo para el día.
El día en que me vengue.
viernes, 15 de julio de 2016
lunes, 11 de julio de 2016
Al habla Jack.
Me alegra decir que ya no estoy hecho un lío, ni furioso, ni confundido.
Ahora estoy muerto de miedo.
¿Has visto alguna de esas viejas películas de misterio?
Te pasas dos horas dudando si el asesino es el mayordomo calvo o la ama de llaves con el moño,
y al final la verdadera culpable resulta ser la anciana baronesa. Y, claro, te sientes engañado.
A mí me ha ocurrido lo mismo. Me han engañado. Peor aún. ¡Me han traicionado!
Mis dos sospechosos son absolutamente inocentes. De hecho, hasta parecen buena gente. No hay ningún alumno en peligro. No hay ningún profesor en peligro. No hay ninguna oreja en peligro.
Y, sin embargo, me dijeron que había algo allí que el/ella intentaría robar. Pues bien, por fin lo he averiguado.
<<Ella>> es la Agencia. La Agencia secreta a la que pertenezco. Y <<algo>> soy yo.
¡Yo estoy en peligro! Me han mandado aquí para acabar conmigo.
¡Sí, sí, he sido traicionado por mi propia Agencia!
Quieren robarme, destruirme, eliminarme, borrarme del mapa.
<<¿Por qué? - te preguntarás - ¿Para qué, Jack? ¿No eres acaso uno de los mejores espías de esa misteriosa sociedad secreta a la que perteneces?>>.
Precisamente por eso. Sé demasiados secretos. Conozco a demasiados criminales. Tengo demasiado poder. La Agencia sabe que si un día me decidiese a hablar podría poner al mundo patas arriba, o, al menos, a los colegios.
Por eso cuando un espía se vuelve demasiado poderoso, la Agencia se encarga de eliminarlo.
Lo envían a una falsa misión de la que ya nunca regresa.
Ni siquiera yo sé lo que ocurre con los espías eliminados. De lo que si estoy seguro es que no los jubilan en una isla exótica llena de cocoteros. Sencillamente desaparecen del mapa y ya está.
Nadie vuelve a verlos jamás.
Sea lo que sea no quiero que me pase a mí.
De momento me escondo entre las sombras buscando una sociedad secreta para vengarme de la Agencia.
Ya nos soy un Agencial.
jueves, 7 de julio de 2016
Al habla Jack.
<<Algo habrá de valor allí que él intentara robar>>, dijo la falsa criada de la fiesta.
Pero, ¿quién es él? Y, sobre todo, ¿qué intentará robar?
¿Qué es eso tan importante que tengo que proteger con mi vida?
Estoy hecho un lío.
Y, es que, después de investigar a fondo en el Gran Colegio Agencial, he descubierto que hay al menos dos personas capaces de cometer un robo. Dos, no uno!
¿Te has dado cuenta? Tengo dos sospechosos y sólo un par de esposas en el bolsillo.
Por eso escribo hoy para pedirte consejo.
Hablaré detalladamente de cada persona.
Mi primer sospechoso es un niño. Exactamente, un niño. Así es como engaña a la gente, siendo un niño. Pero la verdad es que es bastante malvado. Es un ladrón.
Tiene mucha pista de inocente y sabe como sonreír y mover las pestañas muy deprisa para derretir el corazón de los adultos. Especialmente de las profesoras.
Se levanta de su pupitre y se acerca muy lentamente a su presa sin dejar de sonreír .
Entonces le pregunta sobre el río mas largo del mundo o sobre el último emperador de China, el glorioso AfonThePRO. Después finge escucharla con mucha atención y vuelve a su pupitre.
Más tarde cuando la maestra vuelve a casa, se mira al espejo del baño y se da cuenta de que el niño ladrón le ha robado sus pendientes de oro.
Ya sé que os parecerá un poco extraño que robe pendientes pero es que a él le encantan los piercings.
Así es como lo reconocerás: lleva su botín colgando de las orejas, ... o de la lengua, ... o del ombligo, ... o de otras partes innombrables.
Mi segundo sospechoso es una sospechosa. Es una profesora, pero no te dejes engañar, porque se supone que ella está allí para ayudarte en los estudios y ... ¡ZAS! de repente te quita lo que más quieres. Y es que ella también es una ladrona, pero una ladrona muy diferente.
Mi sospechosa número dos no roba cosas, si no personas.
Y tengo la sensación de que está intentando robar a alguien mucho más importantes que unos pendientes.
No necesita usar la fuerza. Encanta a su presa con palabras bonitas y la va alejando lentamente de ti hasta que te olvida. Es realmente espantoso.
Alguien está a punto de cometer un terrible robo y el tiempo se me acaba. Así que dime, ¿a quién debo proteger? ¿a una persona, o a un par de orejas? ¿cuál es el verdadero ladrón? ¿quién está en peligro en el Gran Colegio Agencial?
Prometo darte la respuesta a la solución en muy poco tiempo.
Mientras tanto... ¡Búscame en el Agencial!
<<Algo habrá de valor allí que él intentara robar>>, dijo la falsa criada de la fiesta.
Pero, ¿quién es él? Y, sobre todo, ¿qué intentará robar?
¿Qué es eso tan importante que tengo que proteger con mi vida?
Estoy hecho un lío.
Y, es que, después de investigar a fondo en el Gran Colegio Agencial, he descubierto que hay al menos dos personas capaces de cometer un robo. Dos, no uno!
¿Te has dado cuenta? Tengo dos sospechosos y sólo un par de esposas en el bolsillo.
Por eso escribo hoy para pedirte consejo.
Hablaré detalladamente de cada persona.
Mi primer sospechoso es un niño. Exactamente, un niño. Así es como engaña a la gente, siendo un niño. Pero la verdad es que es bastante malvado. Es un ladrón.
Tiene mucha pista de inocente y sabe como sonreír y mover las pestañas muy deprisa para derretir el corazón de los adultos. Especialmente de las profesoras.
Se levanta de su pupitre y se acerca muy lentamente a su presa sin dejar de sonreír .
Entonces le pregunta sobre el río mas largo del mundo o sobre el último emperador de China, el glorioso AfonThePRO. Después finge escucharla con mucha atención y vuelve a su pupitre.
Más tarde cuando la maestra vuelve a casa, se mira al espejo del baño y se da cuenta de que el niño ladrón le ha robado sus pendientes de oro.
Ya sé que os parecerá un poco extraño que robe pendientes pero es que a él le encantan los piercings.
Así es como lo reconocerás: lleva su botín colgando de las orejas, ... o de la lengua, ... o del ombligo, ... o de otras partes innombrables.
Mi segundo sospechoso es una sospechosa. Es una profesora, pero no te dejes engañar, porque se supone que ella está allí para ayudarte en los estudios y ... ¡ZAS! de repente te quita lo que más quieres. Y es que ella también es una ladrona, pero una ladrona muy diferente.
Mi sospechosa número dos no roba cosas, si no personas.
Y tengo la sensación de que está intentando robar a alguien mucho más importantes que unos pendientes.
No necesita usar la fuerza. Encanta a su presa con palabras bonitas y la va alejando lentamente de ti hasta que te olvida. Es realmente espantoso.
Alguien está a punto de cometer un terrible robo y el tiempo se me acaba. Así que dime, ¿a quién debo proteger? ¿a una persona, o a un par de orejas? ¿cuál es el verdadero ladrón? ¿quién está en peligro en el Gran Colegio Agencial?
Prometo darte la respuesta a la solución en muy poco tiempo.
Mientras tanto... ¡Búscame en el Agencial!
martes, 5 de julio de 2016
Al habla Jack.
Luz, cámaras, ¡acción! ¡Sí, sí! Por fin algo de acción en el Gran Colegio Agencial. O, como diría el legendario Sherlock Holmes:<<¡La caza comienza, Watson!>>
Mi primera pista me ha llevado muy lejos del Gran Colegio Agencial, hasta una enorme mansión rodeada de una verja puntiaguda, donde cientos de personas elegantes celebraban un gran baile de máscaras y disfraces. Según mi contacto alguien en esa fiesta sabía algo del criminal al que le sigo los pasos. Alguien que antiguamente era compañero del criminal, y que sabe lo que sería capaz de hacer. ¿Conseguiría yo encontrarlo entre todas esas máscaras?
La Agencia se encargó de proporcionármelo todo: elegante traje de etiqueta, falsa invitación para el baile y un vehículo oscuro que conduce mi chófer privado, un hombre de absoluta confianza que me trata como si fuese su hijo.
El caso es que llegué puntualmente al baile. Misterioso, elegante y un poco despistado.
Por aquel jardín iluminado con farolillos de colores bailaban multitud de parejas pero no podía distraerme de la misión.
Mi misión era interrogar a todos.
Un grupo de damas de la aristocracia, de esas que nunca se pierden una fiesta estaban situadas justo enfrente mío.
Me acerqué sigilosamente hacia ellas.
Mi primer testigo era una mujer que llevaba sus largas trenzas recogidas con un coletero con pequeños diamantes.
- Señorita, ¿no le ha llamado la atención nada últimamente?
-¡Desde luego que sí! Mis zapatos no combinan con mi vestido. Corro a cambiarme.
Y desapareció entre las sombras del jardín.
Me acerqué a continuación a una jovencita del grupo.
-¿No le parece que hay algo que huele muy mal en esta casa?
-¡Claro que sí!, el pate de alcachofa apesta. Creo que necesito ir al tocador.
Y se esfumó aún más rápido que la primera. Estaba claro, las dos se habían hecho las tontas. Esta investigación iba a ser más difícil de lo que pensaba porque eran tontas de verdad.
Un tiempo después cuando ya me había cansado de interrogar a la gente, pedí una Coca-Cola (mi bebida preferida) a la mayordomo.
- Estaba deliciosa!
Entonces de repente me dice en voz muy baja:
-Yo conozco al sospechoso que está buscando.
Entonces la miré a los ojos y vi que tenía más elegancia que todas las damas de la aristocracia. Ella era mi testigo.
-¿Usted sabe quién es mi testigo?
-Efectivamente... Un puñado de joyas desaparecieron cuando él estaba por los alrededores...Luego huyó pero no sé adonde...
-Se encuentra en el Gran Colegio Agencial - le informé - probablemente bajo una falsa identidad.
-Pero no parará. Las personas como él nunca cambian. Habrá algo allí que intentará robar. Protéjalo con su vida, señorito.
-¡Eso es exactamente lo que pienso hacer!
Ahí tenía mi misión. Tenía que proteger algo. O a alguien.
En aquel momento un terrible relámpago apareció en el cielo y empezó a llover.
Mientras los invitados se metían en la mansión con los trajes empapados, yo aproveché para escabullirme entre las sombras, no sin antes darle las gracias a la falsa criada.
Luz, cámaras, ¡acción! ¡Sí, sí! Por fin algo de acción en el Gran Colegio Agencial. O, como diría el legendario Sherlock Holmes:<<¡La caza comienza, Watson!>>
Mi primera pista me ha llevado muy lejos del Gran Colegio Agencial, hasta una enorme mansión rodeada de una verja puntiaguda, donde cientos de personas elegantes celebraban un gran baile de máscaras y disfraces. Según mi contacto alguien en esa fiesta sabía algo del criminal al que le sigo los pasos. Alguien que antiguamente era compañero del criminal, y que sabe lo que sería capaz de hacer. ¿Conseguiría yo encontrarlo entre todas esas máscaras?
La Agencia se encargó de proporcionármelo todo: elegante traje de etiqueta, falsa invitación para el baile y un vehículo oscuro que conduce mi chófer privado, un hombre de absoluta confianza que me trata como si fuese su hijo.
El caso es que llegué puntualmente al baile. Misterioso, elegante y un poco despistado.
Por aquel jardín iluminado con farolillos de colores bailaban multitud de parejas pero no podía distraerme de la misión.
Mi misión era interrogar a todos.
Un grupo de damas de la aristocracia, de esas que nunca se pierden una fiesta estaban situadas justo enfrente mío.
Me acerqué sigilosamente hacia ellas.
Mi primer testigo era una mujer que llevaba sus largas trenzas recogidas con un coletero con pequeños diamantes.
- Señorita, ¿no le ha llamado la atención nada últimamente?
-¡Desde luego que sí! Mis zapatos no combinan con mi vestido. Corro a cambiarme.
Y desapareció entre las sombras del jardín.
Me acerqué a continuación a una jovencita del grupo.
-¿No le parece que hay algo que huele muy mal en esta casa?
-¡Claro que sí!, el pate de alcachofa apesta. Creo que necesito ir al tocador.
Y se esfumó aún más rápido que la primera. Estaba claro, las dos se habían hecho las tontas. Esta investigación iba a ser más difícil de lo que pensaba porque eran tontas de verdad.
Un tiempo después cuando ya me había cansado de interrogar a la gente, pedí una Coca-Cola (mi bebida preferida) a la mayordomo.
- Estaba deliciosa!
Entonces de repente me dice en voz muy baja:
-Yo conozco al sospechoso que está buscando.
Entonces la miré a los ojos y vi que tenía más elegancia que todas las damas de la aristocracia. Ella era mi testigo.
-¿Usted sabe quién es mi testigo?
-Efectivamente... Un puñado de joyas desaparecieron cuando él estaba por los alrededores...Luego huyó pero no sé adonde...
-Se encuentra en el Gran Colegio Agencial - le informé - probablemente bajo una falsa identidad.
-Pero no parará. Las personas como él nunca cambian. Habrá algo allí que intentará robar. Protéjalo con su vida, señorito.
-¡Eso es exactamente lo que pienso hacer!
Ahí tenía mi misión. Tenía que proteger algo. O a alguien.
En aquel momento un terrible relámpago apareció en el cielo y empezó a llover.
Mientras los invitados se metían en la mansión con los trajes empapados, yo aproveché para escabullirme entre las sombras, no sin antes darle las gracias a la falsa criada.
jueves, 30 de junio de 2016
Al habla Jack.
No sé si usas gafas.
De lo que sí estoy seguro es de que alguna vez has visto a algún conocido con las gafas sobre la frente mientras revuelve desesperado hasta el último rincón de la casa mientras grita:
-¡Mis gafas! ¡He perdido mis gafas! ¿Alguien ha visto mis gafas?
Algo parecido ha ocurrido en el colegio en el que estoy ubicado (Llamémoslo Gran Colegio Agencial)
¿Recuerdas que te conté que no había modo de localizar a mi contacto? Pues bien, resulta que lo he tenido a mi lado desde que llegué aquí y ni siquiera me había dad cuenta.
Y es que mi maldito contacto ha usado un disfraz demasiado bueno.
Uno espera que su contacto sea alguien elegante, alguien sofisticado...
Lo que uno no se espera es que su contacto sea un conserje que escupe al hablar, la profesora que te suspende en Sociales, las tortugas de la clase preescolar o una taquilla del gimnasio.
Pues resulta que mi contacto ha resultado ser algo así como la taquilla del gimnasio: alguien un poco cuadrado, un poco gris, un poco oxidado y que uno se imagina lleno de toallas sucias y calcetines malolientes.
Y, sin embargo, a veces abres una taquilla con tu llave y te encuentras con algo que no habías esperado ver. O quizás con algo que no habías sabido ver.
El caso es que presiento que él (¿o será ella?) va a serme de gran ayuda para cumplir mi misión.
¡Y es que por fin tengo una misión! Ayer estuvimos discutiendo sobre ella durante una merienda clandestina.
Pan con chocolate y patatas fritas mojadas en un gran vaso de leche con sabor a criminal.
Una receta deliciosa para un agente secreto.
Sólo puedo decir que parece que hay alguien aquí, escondido en el Gran Colegio Agencial, con un oscuro secreto del pasado, y que yo he sido enviado para descubrirlo. Alguien muy sospechoso que, bajo su aparencia de persona inocente, podría ser en realidad un criminal. Seguiré informando.
Y me imagino que aún te queda una duda muy importante.
Jack, confiesa: ¿llevas gafas, sí o no?
Eso es algo, querido amigo/a, que la Agencia no me permite revelar. ¡Usa tu imaginación!
Yo lo hago.
Y si no, búscame en el Agencial.
No sé si usas gafas.
De lo que sí estoy seguro es de que alguna vez has visto a algún conocido con las gafas sobre la frente mientras revuelve desesperado hasta el último rincón de la casa mientras grita:
-¡Mis gafas! ¡He perdido mis gafas! ¿Alguien ha visto mis gafas?
Algo parecido ha ocurrido en el colegio en el que estoy ubicado (Llamémoslo Gran Colegio Agencial)
¿Recuerdas que te conté que no había modo de localizar a mi contacto? Pues bien, resulta que lo he tenido a mi lado desde que llegué aquí y ni siquiera me había dad cuenta.
Y es que mi maldito contacto ha usado un disfraz demasiado bueno.
Uno espera que su contacto sea alguien elegante, alguien sofisticado...
Lo que uno no se espera es que su contacto sea un conserje que escupe al hablar, la profesora que te suspende en Sociales, las tortugas de la clase preescolar o una taquilla del gimnasio.
Pues resulta que mi contacto ha resultado ser algo así como la taquilla del gimnasio: alguien un poco cuadrado, un poco gris, un poco oxidado y que uno se imagina lleno de toallas sucias y calcetines malolientes.
Y, sin embargo, a veces abres una taquilla con tu llave y te encuentras con algo que no habías esperado ver. O quizás con algo que no habías sabido ver.
El caso es que presiento que él (¿o será ella?) va a serme de gran ayuda para cumplir mi misión.
¡Y es que por fin tengo una misión! Ayer estuvimos discutiendo sobre ella durante una merienda clandestina.
Pan con chocolate y patatas fritas mojadas en un gran vaso de leche con sabor a criminal.
Una receta deliciosa para un agente secreto.
Sólo puedo decir que parece que hay alguien aquí, escondido en el Gran Colegio Agencial, con un oscuro secreto del pasado, y que yo he sido enviado para descubrirlo. Alguien muy sospechoso que, bajo su aparencia de persona inocente, podría ser en realidad un criminal. Seguiré informando.
Y me imagino que aún te queda una duda muy importante.
Jack, confiesa: ¿llevas gafas, sí o no?
Eso es algo, querido amigo/a, que la Agencia no me permite revelar. ¡Usa tu imaginación!
Yo lo hago.
Y si no, búscame en el Agencial.
lunes, 27 de junio de 2016
Al habla Jack.
¡No encuentro a mi contacto!
¿No sabes lo que es un contacto? Un contacto es alguien de la Agencia que se infiltra en un lugar
y espera tu llegada para informarte de la misión que tienes que realizar.
El problema es que un contacto no puede aparecer así como así, y decir:
-Hola soy tu contacto, ¡te voy a explicar todo lo que tienes que hacer!
El agente secreto tampoco puede andar por ahí preguntando:
-¿Es usted mi contacto?- Porque entonces es poco serio, y para eso mejor que se dediquen a cultivar patatas o al ganado.
Tampoco pueden llevar una rosa en la solapa o un sombrero oscuro, porque entonces la gente diría:
- Mira , dos espías a juego- Y entonces me jugaría algo más que la misión; me jugaría la vida.
Ese también es el motivo por el que no se me permite tener amigos.
Amigos.
¿Para qué sirven los amigos?
Para un agente secreto, de nada. Casi todos resultan ser estafadores o traidores. Estos últimos son los peores: sólo se acercan a ti para sacarte información.
No se puede confiar en los amigos. Por eso en el recreo prefiero jugar solo al escondite.
Creo que hay un agente enemigo en mi clase.
Sospecho de él porque es igual a mí en todo: inteligente, decidido, elegante y misterioso. Una verdadera fotocopia de Jack.
Precisamente hoy tuvimos un encuentro de lo más extraño en el baño.
Los baños están plagados de espías porque son un lugar genial para enviar un mensaje por una mini-radio, o ajustarse los microchips de la chaqueta.
El caso es que al acercarme al espejo después de salir del retrete veo mi reflejo... ¡Multiplicado por dos! ¡Y cada uno con una chaqueta de distinto color!
Esto no lo ves todos los días. ¡Aunque seas un espía famoso internacional! Pero enseguida me doy cuenta de que ese no soy yo. Esa persona extraordinariamente idéntica a mí, tiene una pequeña diferencia mínima: Hay una pequeña chispa de maldad en sus ojos.
Su reflejo me mira descaradamente y al fin dice...
¡No encuentro a mi contacto!
¿No sabes lo que es un contacto? Un contacto es alguien de la Agencia que se infiltra en un lugar
y espera tu llegada para informarte de la misión que tienes que realizar.
El problema es que un contacto no puede aparecer así como así, y decir:
-Hola soy tu contacto, ¡te voy a explicar todo lo que tienes que hacer!
El agente secreto tampoco puede andar por ahí preguntando:
-¿Es usted mi contacto?- Porque entonces es poco serio, y para eso mejor que se dediquen a cultivar patatas o al ganado.
Tampoco pueden llevar una rosa en la solapa o un sombrero oscuro, porque entonces la gente diría:
- Mira , dos espías a juego- Y entonces me jugaría algo más que la misión; me jugaría la vida.
Ese también es el motivo por el que no se me permite tener amigos.
Amigos.
¿Para qué sirven los amigos?
Para un agente secreto, de nada. Casi todos resultan ser estafadores o traidores. Estos últimos son los peores: sólo se acercan a ti para sacarte información.
No se puede confiar en los amigos. Por eso en el recreo prefiero jugar solo al escondite.
Creo que hay un agente enemigo en mi clase.
Sospecho de él porque es igual a mí en todo: inteligente, decidido, elegante y misterioso. Una verdadera fotocopia de Jack.
Precisamente hoy tuvimos un encuentro de lo más extraño en el baño.
Los baños están plagados de espías porque son un lugar genial para enviar un mensaje por una mini-radio, o ajustarse los microchips de la chaqueta.
El caso es que al acercarme al espejo después de salir del retrete veo mi reflejo... ¡Multiplicado por dos! ¡Y cada uno con una chaqueta de distinto color!
Esto no lo ves todos los días. ¡Aunque seas un espía famoso internacional! Pero enseguida me doy cuenta de que ese no soy yo. Esa persona extraordinariamente idéntica a mí, tiene una pequeña diferencia mínima: Hay una pequeña chispa de maldad en sus ojos.
Su reflejo me mira descaradamente y al fin dice...
sábado, 25 de junio de 2016
Al habla Jack.
Me encuentro a la espera de que me asignen una nueva misión, mientras, intento mezclarme entre los alumnos de un lugar parecido al infierno: un colegio de Secundaria.
Puede que hayas pensado que este fuese TU COLEGIO. No te voy a decir ni que sí, ni que no, es más es muy poco probable, pero puede serlo...
Sin embargo, para mí, no es más que un colegio como cualquier otro.
Desde que empecé mi vida de agente secreto he estado en 5 o 6 colegios, puesto que resultan escondites estupendos para los grandes ladrones: los niños nunca hacen preguntas y los profesores sí las hacen, pero sobre Biología.
Se podría decir, que igual que hay gente que colecciona sellos, yo colecciono criminales.
Un día, paré al jefe de una banda de criminales ( ni idea de qué banda), que se hacía pasar por conserje.
Otro curso me lo pasé intentando desenmascarar a un profesor de gimnasia que guardaba el producto de sus robos en el interior de las colchonetas.¿Te imaginas dando volteretas encima de diamantes de 5 quilates?
En cuanto al año anterior, tuve que enfrentarme a una malvada profesora de matemáticas. Capturarla fue divertido y emocionante a la vez.
-Jack, a la pizarra!- me gruño aquel viernes por la tarde .
Acababa de copiar la ecuación de la incógnita más difícil que os podáis imaginar.
Exacto! La mismísima fórmula de la Coca-Cola!
Pero soy un espía valiente, y además me chifla la Coca-Cola.
Me acerqué a la pizarra, tomé la tiza de sus manos, y me dispuse a finalizar la ecuación.
-Es imposible resolverla- me animaba ella. Yo no paraba de sudar, de la frente, de las manos, del cerebro... Pero la resolví. Lo conseguí.
Por suerte la Agencia me paga un profesor particular de matemáticas.
Los demás niños parecían entusiasmados, pero la falsa profesora parecía que iba a explotar.
-Has tenido suerte - me dijo - ,ahora dame la tiza.
Me acerqué para darle la tiza y cuando se la iba a guardar en el bolsillo de la chaqueta, se dio cuenta de que la acababa de esposar.
-Profesora, los billetes falsificados estaban bien hechos, pero debió de lavarse las manos antes de tocarlos, puesto que estaban llenos de polvo de tizas.
Ese día conseguí dos cosas importantes: una medalla de coleccionador de criminales (de la Agencia) y un positivo en matemáticas.
Me encuentro a la espera de que me asignen una nueva misión, mientras, intento mezclarme entre los alumnos de un lugar parecido al infierno: un colegio de Secundaria.
Puede que hayas pensado que este fuese TU COLEGIO. No te voy a decir ni que sí, ni que no, es más es muy poco probable, pero puede serlo...
Sin embargo, para mí, no es más que un colegio como cualquier otro.
Desde que empecé mi vida de agente secreto he estado en 5 o 6 colegios, puesto que resultan escondites estupendos para los grandes ladrones: los niños nunca hacen preguntas y los profesores sí las hacen, pero sobre Biología.
Se podría decir, que igual que hay gente que colecciona sellos, yo colecciono criminales.
Un día, paré al jefe de una banda de criminales ( ni idea de qué banda), que se hacía pasar por conserje.
Otro curso me lo pasé intentando desenmascarar a un profesor de gimnasia que guardaba el producto de sus robos en el interior de las colchonetas.¿Te imaginas dando volteretas encima de diamantes de 5 quilates?
En cuanto al año anterior, tuve que enfrentarme a una malvada profesora de matemáticas. Capturarla fue divertido y emocionante a la vez.
-Jack, a la pizarra!- me gruño aquel viernes por la tarde .
Acababa de copiar la ecuación de la incógnita más difícil que os podáis imaginar.
Exacto! La mismísima fórmula de la Coca-Cola!
Pero soy un espía valiente, y además me chifla la Coca-Cola.
Me acerqué a la pizarra, tomé la tiza de sus manos, y me dispuse a finalizar la ecuación.
-Es imposible resolverla- me animaba ella. Yo no paraba de sudar, de la frente, de las manos, del cerebro... Pero la resolví. Lo conseguí.
Por suerte la Agencia me paga un profesor particular de matemáticas.
Los demás niños parecían entusiasmados, pero la falsa profesora parecía que iba a explotar.
-Has tenido suerte - me dijo - ,ahora dame la tiza.
Me acerqué para darle la tiza y cuando se la iba a guardar en el bolsillo de la chaqueta, se dio cuenta de que la acababa de esposar.
-Profesora, los billetes falsificados estaban bien hechos, pero debió de lavarse las manos antes de tocarlos, puesto que estaban llenos de polvo de tizas.
Ese día conseguí dos cosas importantes: una medalla de coleccionador de criminales (de la Agencia) y un positivo en matemáticas.
viernes, 24 de junio de 2016
Al habla Jack.
En primer lugar debo advertirte de que mi verdadero nombre no es Jack, pero la Agencia no me permite decirlo; sería demasiado peligroso. La verdad es que tampoco puedo hablar de la Agencia.
Si escribo esto es porque necesito desahogarme y poder contar las cosas emocionantes que me suceden sin que nadie sepa quien soy. No me está permitido decir una sola palabra de esto, es más ni siquiera puedo decirle nada a mi familia o hermanos/as.
La vida de agente secreto es muy excitante... y también muy peligrosa.
En efecto soy agente secreto. O espía, cómo quieras llamarlo. En las películas nos llaman "espías" y siempre se imaginan que vamos con gabardinas oscuras, un sombrero y gafas de sol... ¡Por favor!
Si nos vistiésemos así todo el mundo sabría que somos espías, y eso no tiene mucho sentido...
Mi uniforme lo decide la Agencia cada día. Normalmente me lo trae el repartidor de periódicos por la mañana, pero el mensajero también me lo ha traído otras veces.
Hay veces que me gusta y hay veces que no, pero la Agencia no me permite decidir.
Cada hilo de la ropa está pensado para camuflarme como un camaleón entre los niños corrientes.
Puede que pienses que los niños no podemos ser espías, pero si hay alguna posibilidad de que hubiese un ataque terrorista en un colegio ¿a quién mandarías? ¿a un gordo, enorme, barbudo señor? No, no, no. De vez en cuando reclutan entre sus filas a niños con aspecto de angelito, pero que en realidad son superdotados. A si que si queréis ser espía alguna vez, ¡A sacar buenas notas!
Pero vamos al tema, hasta tu propia abuela puede ser una de nosotros.
Mi propia abuela, por cierto, lo era.
Aún recuerdo aquella noche lluviosa de otoño en el que mis padres me dejaron a solas con mi abuela, ella me puso sobre su regazo, y yo pensé que iba hacer esas cosas típicas de las abuelas: contarme algún cuento, darme una galletita ...
Pero en vez de eso sacó un pequeño chip de su bolsa y me dijo:
- Protégelo con tu vida, nieto querido- me dijo.
En primer lugar debo advertirte de que mi verdadero nombre no es Jack, pero la Agencia no me permite decirlo; sería demasiado peligroso. La verdad es que tampoco puedo hablar de la Agencia.
Si escribo esto es porque necesito desahogarme y poder contar las cosas emocionantes que me suceden sin que nadie sepa quien soy. No me está permitido decir una sola palabra de esto, es más ni siquiera puedo decirle nada a mi familia o hermanos/as.
La vida de agente secreto es muy excitante... y también muy peligrosa.
En efecto soy agente secreto. O espía, cómo quieras llamarlo. En las películas nos llaman "espías" y siempre se imaginan que vamos con gabardinas oscuras, un sombrero y gafas de sol... ¡Por favor!
Si nos vistiésemos así todo el mundo sabría que somos espías, y eso no tiene mucho sentido...
Mi uniforme lo decide la Agencia cada día. Normalmente me lo trae el repartidor de periódicos por la mañana, pero el mensajero también me lo ha traído otras veces.
Hay veces que me gusta y hay veces que no, pero la Agencia no me permite decidir.
Cada hilo de la ropa está pensado para camuflarme como un camaleón entre los niños corrientes.
Puede que pienses que los niños no podemos ser espías, pero si hay alguna posibilidad de que hubiese un ataque terrorista en un colegio ¿a quién mandarías? ¿a un gordo, enorme, barbudo señor? No, no, no. De vez en cuando reclutan entre sus filas a niños con aspecto de angelito, pero que en realidad son superdotados. A si que si queréis ser espía alguna vez, ¡A sacar buenas notas!
Pero vamos al tema, hasta tu propia abuela puede ser una de nosotros.
Mi propia abuela, por cierto, lo era.
Aún recuerdo aquella noche lluviosa de otoño en el que mis padres me dejaron a solas con mi abuela, ella me puso sobre su regazo, y yo pensé que iba hacer esas cosas típicas de las abuelas: contarme algún cuento, darme una galletita ...
Pero en vez de eso sacó un pequeño chip de su bolsa y me dijo:
- Protégelo con tu vida, nieto querido- me dijo.
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