jueves, 30 de junio de 2016

Al habla Jack.

No sé si usas gafas.

De lo que sí estoy seguro es de que alguna vez has visto a algún conocido con las gafas sobre la frente mientras revuelve desesperado hasta el último rincón de la casa mientras grita:
-¡Mis gafas! ¡He perdido mis gafas! ¿Alguien ha visto mis gafas?

Algo parecido ha ocurrido en el colegio en el que estoy ubicado (Llamémoslo Gran Colegio Agencial)

¿Recuerdas que te conté que no había modo de localizar a mi contacto? Pues bien, resulta que lo he tenido a mi lado desde que llegué aquí y ni siquiera me había dad cuenta.

Y es que mi maldito contacto ha usado un disfraz demasiado bueno.

Uno espera que su contacto sea alguien elegante, alguien sofisticado...
Lo que uno no se espera es que su contacto sea un conserje que escupe al hablar, la profesora que te suspende en Sociales, las tortugas de la clase preescolar o una taquilla del gimnasio.

Pues resulta que mi contacto ha resultado ser algo así como la taquilla del gimnasio: alguien un poco cuadrado, un poco gris, un poco oxidado y que uno se imagina lleno de toallas sucias y calcetines malolientes.

Y, sin embargo, a veces abres una taquilla con tu llave y te encuentras con algo que no habías esperado ver. O quizás con algo que no habías sabido ver.

El caso es que presiento que él (¿o será ella?) va a serme de gran ayuda para cumplir mi misión.
¡Y es que por fin tengo una misión! Ayer  estuvimos discutiendo sobre ella durante una merienda clandestina.
Pan con chocolate y patatas fritas mojadas en un gran vaso de leche con sabor a criminal.
Una receta deliciosa para un agente secreto.

Sólo puedo decir que parece que hay alguien aquí, escondido en el Gran Colegio Agencial, con un oscuro secreto del pasado, y que yo he sido enviado para descubrirlo. Alguien muy sospechoso que, bajo su aparencia de persona inocente, podría ser en realidad un criminal. Seguiré informando.

Y me imagino que aún te queda una duda muy importante.

Jack, confiesa: ¿llevas gafas, sí o no?

Eso es algo, querido amigo/a, que la Agencia no me permite revelar. ¡Usa tu imaginación!

Yo lo hago.

Y si no, búscame en el Agencial.

lunes, 27 de junio de 2016

Al habla Jack.

¡No encuentro a mi contacto!

¿No sabes lo que es un contacto? Un contacto es alguien de la Agencia que se infiltra en un lugar
y espera tu llegada para informarte de la misión que tienes que realizar.

El problema es que un contacto no puede aparecer así como así, y decir:
-Hola soy tu contacto, ¡te voy a explicar todo lo que tienes que hacer!
El agente secreto tampoco puede andar por ahí preguntando:
-¿Es usted mi contacto?-  Porque entonces es poco serio, y para eso mejor que se dediquen a cultivar patatas o al ganado.
Tampoco pueden llevar una rosa en la solapa o un sombrero oscuro, porque entonces la gente diría:
- Mira , dos espías a juego- Y entonces me jugaría algo más que la misión; me jugaría la vida.

Ese también es el motivo por el que no se me permite tener amigos.

Amigos.

¿Para qué sirven los amigos?

Para un agente secreto, de nada. Casi todos resultan ser estafadores o traidores. Estos últimos son los peores: sólo se acercan a ti para sacarte información.

No se puede confiar en los amigos. Por eso en el recreo prefiero jugar solo al escondite.

Creo que hay un agente enemigo en mi clase.

Sospecho de él porque es igual a mí en todo: inteligente, decidido, elegante y misterioso.  Una verdadera fotocopia de Jack.

Precisamente hoy tuvimos un encuentro de lo más extraño en el baño.

Los baños están plagados de espías porque son un lugar genial para enviar un mensaje por una mini-radio, o ajustarse los microchips de la chaqueta.

El caso es que al acercarme al espejo después de salir del retrete veo mi reflejo... ¡Multiplicado por dos! ¡Y cada uno con una chaqueta de distinto color!

Esto no lo ves todos los días. ¡Aunque seas un espía famoso internacional! Pero enseguida me doy cuenta de que ese no soy yo. Esa persona extraordinariamente idéntica a mí, tiene una pequeña diferencia mínima: Hay una pequeña chispa de maldad en sus ojos.

Su reflejo me mira descaradamente y al fin dice...





sábado, 25 de junio de 2016

Al habla Jack.

Me encuentro a la espera de que me asignen una nueva misión, mientras, intento mezclarme entre los alumnos de un lugar parecido al infierno: un colegio de Secundaria.

Puede que hayas pensado que este fuese TU COLEGIO. No te voy a decir ni que sí, ni que no, es más es muy poco probable, pero puede serlo...

Sin embargo, para mí, no es más que un colegio como cualquier otro.
Desde que empecé mi vida de agente secreto he estado en 5 o 6 colegios, puesto que resultan escondites estupendos para los grandes ladrones: los niños nunca hacen preguntas y los profesores sí las hacen, pero sobre Biología.

Se podría decir, que igual que hay gente que colecciona sellos, yo colecciono criminales.

Un día, paré al jefe de una banda de criminales ( ni idea de qué banda), que se hacía pasar por conserje.
Otro curso me lo pasé intentando desenmascarar a un profesor de gimnasia que guardaba el producto de sus robos en el interior de las colchonetas.¿Te imaginas dando volteretas encima de diamantes de 5 quilates?
En cuanto al año anterior, tuve que enfrentarme a una malvada profesora de matemáticas. Capturarla fue divertido  y emocionante a la vez.

-Jack, a la pizarra!- me gruño aquel viernes por la tarde .
Acababa de copiar la ecuación de la incógnita más difícil que os podáis imaginar.
Exacto! La mismísima fórmula de la Coca-Cola!
Pero soy un espía valiente, y además me chifla la Coca-Cola.

Me acerqué a la pizarra, tomé la tiza de sus manos, y me dispuse a finalizar la ecuación.
-Es imposible resolverla- me animaba ella. Yo no paraba de sudar, de la frente, de las manos, del cerebro... Pero la resolví. Lo conseguí.

Por suerte la Agencia me paga un profesor particular de matemáticas.

Los demás niños parecían entusiasmados, pero la falsa profesora parecía que iba a explotar.
-Has tenido suerte - me dijo - ,ahora dame la tiza.
Me acerqué para darle la tiza y cuando se la iba a guardar en el bolsillo de la chaqueta, se dio cuenta de que la acababa de esposar.
-Profesora, los billetes falsificados estaban bien hechos, pero debió de lavarse las manos antes de tocarlos, puesto que estaban llenos de polvo de tizas.

Ese día conseguí dos cosas importantes: una medalla de coleccionador de criminales (de la Agencia) y un positivo en matemáticas.

viernes, 24 de junio de 2016

Al habla Jack.

En primer lugar debo advertirte de que mi verdadero nombre no es Jack, pero la Agencia no me permite decirlo; sería demasiado peligroso. La verdad es que tampoco puedo hablar de la Agencia.

Si escribo esto es porque necesito desahogarme y poder contar las cosas emocionantes que me suceden sin que nadie sepa quien soy. No me está permitido decir una sola palabra de esto, es más ni siquiera puedo decirle nada a mi familia o hermanos/as. 

La vida de agente secreto es muy excitante... y también muy peligrosa.

En efecto soy agente secreto. O espía, cómo quieras llamarlo. En las películas nos llaman "espías" y siempre se imaginan que vamos con gabardinas oscuras, un sombrero y gafas de sol...  ¡Por favor!
Si nos vistiésemos así todo el mundo sabría que somos espías, y eso no tiene mucho sentido...
Mi uniforme lo decide la Agencia cada día. Normalmente me lo trae el repartidor de periódicos por la mañana, pero el mensajero también me lo ha traído otras veces.
Hay veces que me gusta y hay veces que no, pero la Agencia no me permite decidir.
Cada hilo de la ropa está pensado para camuflarme como un camaleón entre los niños corrientes.

Puede que pienses que los niños no podemos ser espías, pero si hay alguna posibilidad de que hubiese un ataque terrorista en un colegio ¿a quién mandarías? ¿a un gordo, enorme, barbudo señor? No, no, no. De vez en cuando reclutan entre sus filas a niños con aspecto de angelito, pero que en realidad son superdotados. A si que si queréis ser espía alguna vez, ¡A sacar buenas notas!

Pero vamos al tema, hasta tu propia abuela puede ser una de nosotros.

Mi propia abuela, por cierto, lo era.

Aún recuerdo aquella noche lluviosa de otoño en el que mis padres me dejaron a solas con mi abuela, ella me puso sobre su regazo, y yo pensé que iba hacer esas cosas típicas de las abuelas: contarme algún cuento, darme una galletita ...
Pero en vez de eso sacó un pequeño chip de su bolsa y me dijo:
- Protégelo con tu vida, nieto querido- me dijo.